lunes 15 de junio de 2009

A Wellington


Una ciudad:
azotada por el viento,
desbordada de costas,
suplicante de cultura,
rellena de mixturas,
de híbridos y locos.

Una mujer:
perdida en las huellas,
cansada de cinismos,
se trepa por sus piernas.

Fría ciudad
que todo lo igualas,
nunca juzgas
y esperas temblorosa
una avalancha de cambios.

Nueva ciudad;
donde eternos caminantes
se animan a pisarte,
pretenden cambiarte,
quererte, apropiarte.
Donde nunca el verano
deja de ser primavera
y el invierno ampuloso
descansa en tus caderas.

Tus cabellos canela
y ojos estirados,
tus rostros tatuados,
tus fish and chips,
tus kebabs.

Ciudad de incógnitos,
de trotamundos e inocentes,
por tus olas heladas
navegan mis dilemas.

lunes 8 de junio de 2009

Oops! en el Museo Tate Modern de Londres

Oops (mantendremos en secreto su nombre verdadero dado que es un artista anónimo) es un amigo madrileño graduado en Bellas Artes que vive en Londres. Un día recibo un mail suyo invitándome a su próxima exposición a realizarse en uno de los museos de arte moderno más importantes del mundo: la Tate Modern de Londres.


Traducción:

Fotografía: Topadora Contenedora de Concepto en Movimiento', Fotografía hecha con móvil.

Tomando su nombre de la empresa Aps, Oops nos acerca el graffiti a los espacios en renovaciones del Tate Modern (4ª planta). Este happening incluirá a los trabajadores y los materiales de construcción de la Tate, espacios interiores efímeros donde tendrá importancia la interacción con el espectador.

La obra ha sido donada al Tate y formará parte de numerosas exposiciones en otros museos de la Comunidad Europea durante el 2010. Dada la naturaleza de este happening la difusión de propaganda es limitada por lo que se han impreso 1050 ejemplares además de las invitaciones personales por e-mail firmadas por el artista.

Oops, en realidad, es amigo de Rodrigo de la infancia y yo no lo conocía más que por las tantísimas veces que había sido nombrado y por unos cuantos mensajes esporádicos que intercambiamos. Cuando recibí la invitación debo confesar que pensé “wow, no sabía que este tío era tan importante” y aunque no me quedaba del todo claro de qué se trataba realmente su exposición, el mero hecho de que presentara su obra en un lugar como el Tate lo había revestido automáticamente de un halo de misterio y jerarquía. Recuerdo que le envié mis felicitaciones y luego cuando lo conocí en Madrid le pegunté en forma irónica sobré qué sentía al ser famoso.

Reservamos los pasajes para Londres y fue entonces cuando Oops, movido por la culpa de que su travesura fuera demasiado lejos, le confesó a Rodrigo la verdad: no había exposición, el cuarto piso del Tate estaba en remodelaciones (en transición entre exposiciones) y eso sería lo único que encontraríamos allí. El folleto, por decirlo de alguna forma, era falso, trucado.

Decidimos ir de todos modos. El asunto me intrigaba más aún. ¿Qué es lo que Oops quería generar con todo esto?

La atrofia del aura en la era de la industria cultural

Walter Benjamín planteó en 1936 desde la filosofía una noción en sumo interesante para pensar el arte en los tiempos actuales: se trata del concepto de aura. En su famoso artículo intitulado La obra arte en la época de su reproductibilidad técnica, el autor define al aura como la manifestación irrepetible de una lejanía. “Descansar en un atardecer de verano y seguir con la mirada una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama.”

Lo aurático en el arte implica, por lo tanto, un aquí y ahora, un contacto con la obra que ante el advenimiento de un universo eminentemente tecnológico queda de lado. Tengamos en cuenta que Benjamín esta pensando en un mundo donde la fotografía y el cine son recientes. Y la capacidad de reproducción técnica que estos medios generan transforma el arte por completo. “…El proceso aqueja en el objeto de arte una médula sensibilísima que ningún objeto natural posee en grado tan vulnerable. Se trata de su autenticidad”.

“…En la época de la reproducción técnica de la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta. El proceso es sintomático; su significación señala por encima del ámbito artístico. Conforme a una formulación general: la técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar las reproducciones pone su presencia masiva en el lugar de una presencia irrepetible. Y confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir, desde su situación respectiva, al encuentro de cada destinatario.”

De lo que se trata, ante todo, es de un cambio fundamental en la forma de percibir que se genera a partir del desarrollo de la modernidad. Si antiguamente la clave de la obra de arte se hallaba en la obra misma, en su ligazón con la tradición y en la relación del espectador con ella, (aunque estemos hablando de un arte culto, reservado sólo a las capas altas de la sociedad), hoy día el arte en la cultura de masas tiene su clave en la simple percepción. Es decir, la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica pasa de tener un valor cultural a uno exhibitivo.

Si bien Benjamín reconoce en que medida la nueva sociedad tecnológica ha democratizado el arte al acercarlo a las masas también da cuenta de la atrofia que la obra ha sufrido en este proceso. “Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible.”

En un plano mucho más crítico Adorno y Horkheimer, miembros de la Escuela de Frankfurt, en su texto Dialéctica del Iluminismo, acuñan el concepto de “industria cultural” y plantean una postura de oposición a lo que ellos consideran la total mercantilización y des-sublimación del arte. La obra se convierte en simple mercancía, la cultura en simple diversión, el espectador en títere pasivo en su propia expectación.

Del valor cultural al exhibitivo

¿Por qué citar el concepto de atrofia aurática de Benjamín en este contexto? Porque creo que a partir de él se puede visualizar de forma más densa lo hecho por Nacho. Con respecto a su obra, mi amigo dice lo siguiente:

“A la hora de realizar Oops yo pensé a la obra como un graffiti conceptual, un happening donde la importancia se centra en la interacción con el público. Lo que me interesaba era explotar los dispositivos institucionales del museo y los mecanismos publicitarios que rodean a la obra de arte, por este motivo comencé una campaña de promoción hace cuatro meses que incluyó el envío de mailings e invitaciones además del contacto con los medios de comunicación (la información sobre la exposición fue publicada en tres periódicos en Londres y uno en Barcelona). Durante este período de promoción he podido experimentar como la gente empezaba a considerarme un Artista, además de que en esos meses he tenido muchas relaciones sexuales, jeje.

Lo que hice fue mimetizar la imagen del Tate, imitar sus folletos y a partir de allí llevar la fantasía a la vida real y la realidad al museo. La intención fue cuestionar, por lo tanto, las maneras de ver el arte en los museos. Las obras están materialmente allí, sin embargo las ideas están en todos lados. Pero desde el momento en que una obra esta expuesta en un museo se produce una especie de fetichización que obstaculiza su entendimiento, es decir, dificulta la llegada al objeto en sí. En Oops, museo cerrado por renovaciones el artista quiere cuestionar las maneras de percibir el arte fuera de lo objetual. En este caso el objeto a mirar es inaccesible porque no hay nada más que los propios trabajadores del Tate (aunque en realidad su materialización se encuentra en la propia invitación a la exposición) pero, en última instancia, al presentar a un artista y una obra que no existen el público se cuestiona el concepto de lo sucedido sin tener que pensar en qué artista la ha realizado o en la magnitud que la sociedad ha establecido para la obra o, en caso que los dos puntos anteriores no sean lo suficientemente importantes, en cuál es el lugar en el que se desarrolla la exhibición, con todo el componente simbólico que ello representa.

Oops! es una exclamación que significa sorpresa, metedura de pata, etc. El logo mimetiza el de APS, una empresa de máquinas de construcción que utiliza la Tate para las renovaciones. Esta idea tiene mucho que ver con Duchamp y su R. Mutt, el fabricante de fontanería, el cual utilizó en su más famosa obra Fuente.”

En este sentido, es en la necesidad que encuentra Oops de volver a un arte basado en el objeto que nos demuestra, a través de un arte conceptual, de qué forma atrofiamos ese aura por medio de los mecanismos comerciales y de institucionalización de los espacios. Su obra, es en cierta medida también un experimento de psicología social, y de los más interesantes. Su cuestionamiento de las maneras de percibir el arte fuera del objeto, fuera de la relación aurática con la obra, nos lleva a visualizar nuestros comportamientos a la hora de percibirla: Oops se convierte en Artista porque expone en la Tate Modern, más allá de su trabajo. Podré no entender la obra, podré mirarla con indiferencia de la misma manera que miramos La Gioconda en el Louvre, después de haber visto su reproducción hasta el hartazgo, mientras nos codeamos con las decenas de turistas que se agolpan para sacarle una foto. Pero de lo sublime en el arte, de su aura, nadie se percata porque vivimos en una cultura fast food que apenas nos deja más de dos segundos seguidos para maravillarnos. Lo que nos queda es una foto, una prueba inerte que sirve como objeto de alarde ante los demás.

Con el paso del valor cultural al exhibitivo se atrofia el aura dice Benjamin. El planteamiento de Oops no está muy lejano. La industria cultural y la masificación del arte conlleva una explotación voraz de los mecanismos comerciales por sobre la obra en sí. Los museos se convierten en espacios de sacralización profana del arte. La obra que se encuentra en el museo es incuestionable. Aunque nos parezca una porquería, es indiscutible. Lo que termina ocurriendo es que el propio espacio del museo obstaculiza el entendimiento de la obra. El valor es puramente exhibitivo, el contacto con el aura, con la lejanía, desaparece.

La obra es el folleto

Con respecto a la reacción del público Oops señala:

“En esta exposición ha habido muchos tipos de público, y entre ellos los trabajadores de la Tate Modern, los cuales estoy seguro que desde dentro han tenido mucho trabajo, pues mandé un mail a todos los periódicos con la invitación, los cuales tuvieron que llamar a la Tate para comprobarlo, aunque muchos no, pues el evento ha sido publicado en The London Paper y en otros sitios de Internet, los cuales no lo verificaron. La interacción de los amigos fue diferente, pues muchos vinieron desde España a verlo y se encontraron con la realidad. Uno me dijo que se tenía que haber quedado durmiendo la siesta, otro que me iba a matar. Sin embargo, el público después de asimilar su propia experiencia estética (la de no poder ver lo que se presenta) empezó a valorar la obra, pues entendió a que apuntaba y todo el entramado de significaciones que el folleto había activado (no nos olvidemos de la excavadora contenedora de concepto).

El lunes pasado fui a preguntar como espectador y el recepcionista, que era un empleado nuevo de origen español me dijo que en la cuarta planta estaban remodelando para preparar el siguiente evento. Sin embargo, al leer la invitación me dijo – ¡Espera!, aquí dice que va a haber un happening- aunque no lo creía del todo y le preguntó a su jefe y este dijo riéndose –esto es una broma muy inteligente, mira; la invitación imita muy bien la imagen de la Tate y además no se promociona al artista pues ‘Oops’ es un artista anónimo- mi amiga y yo nos reímos y le contestamos –por tanto, ¿la obra es el folleto no?”

Sin embargo, la obra no se encuentra completada, está en proceso o en renovaciones como el propio título indica. La misma finalizará cuando en octubre exponga toda la documentación que los amigos y espectadores han realizado; bocetos de la invitación, fotos de móviles y cámaras varias, vídeos, artículos de prensa, happening por mail, mensajes de texto de móviles, conversaciones con los empleados, etc. La obra quedará materializada con la reacción del espectador, así como con su material visual y de sonido.”

Sólo nos queda esperar que la nueva exposición sea, esta vez, verdadera.

martes 19 de mayo de 2009

El insoportable peso y la insoportable levedad de mi ser

Milan Kundera abre su libro más famoso, La Insoportable levedad del ser, con el planteamiento de un dilema existencial:

¿Es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad? Y dice:

La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas, la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.

Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.

Pero: ¿realmente podemos vivir sin peso? ¿O nuestra propia carga existencial hace imposible la levedad? Si decidimos entregar nuestra vida a la levedad: ¿acaso esta se nos torna insoportable?

Esta pregunta rondaba en mi mente cuando decidí irme a vivir por un tiempo a Nueva Zelanda. Quería salir, percibir el mundo y a mí misma de otra manera. Sentía demasiadas presiones. Demasiados pesos que soportar. Expectativas propias y ajenas. La idea de que tenía un destino trascendente que cumplir, una misión, me carcomía. La lógica del “más vale malo conocido que bueno por conocer”, la noción de pérdida de tiempo siempre que no signifique trabajo, dinero y ascenso laboral, de que tras haber estudiado una carrera debía dedicar todos mis esfuerzos al desarrollo profesional y no perder ni una pizca de tiempo frente a la competencia voraz me incomodaba. El idioma inglés fue la excusa perfecta dijeron muchos. Y me fui.

Quería reinventarme, salir de la mirada de los otros. En la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad nos decían que éramos intelectuales, que nuestra palabra tenía peso y responsabilidad, que nuestra profesión tenía un deber con la verdad. Pero cuando salí de la burbuja estudiantil me di cuenta que el mundo laboral era muy diferente a la academia. Dejé un trabajo seguro, que pagaba bien pero que no disfrutaba, en busca de mi misión, de mi peso, de mi desarrollo profesional. Mis pretensiones intelectuales chocaron contra la pared del trabajo asalariado, la chatura práctica y la informalidad de los empresarios argentinos. Contra la verdad pura y dura que no enseñan en los libros.

Quince días después de haber llegado a Nueva Zelanda conseguía trabajo como camarera. Nunca lo había hecho y ciertamente era una tarea que no hubiera realizado en Argentina. Sin embargo, al poco tiempo me sentí feliz, relajada. Lo que me pasaba me hacía recordar, en cierta forma, a lo que sentía el personaje de Tomás en La insoportable levedad del ser.

Tomás es un médico con una carrera brillante comprometido con la vida política de su país (Checoslovaquia durante la Primavera de Praga). Cuando tiene que dejar su trabajo debido a una persecución política, empieza a trabajar como camionero y a vivir en un pequeño pueblo. Esta experiencia le hace sentir relajado como nunca en su vida.

Hacia el final del libro Tomás le dice a Teresa: “No te has dado cuenta que aquí soy feliz Teresa”, y luego: “la misión es una idiotez. Yo no tengo ninguna misión. Nadie tiene ninguna misión. Y es un gran alivio sentir que eres libre, que no tienes una misión.”

Yo, sin el peso de tener que ser una intelectual, sin el peso de tener que conseguir un buen trabajo, de ser exitosa, de ser buena hija, buena amiga, de ser siempre fuerte, siempre perfecta, siempre feliz, sin el peso de encajar en las múltiples categorías de la imposición cultural, me encontraba en la distancia, en una pequeña ciudad donde nadie me conocía, donde nadie esperaba nada de mí, en un país donde ni siquiera hablaban mi mismo idioma, feliz.

Pero: ¿realmente podemos vivir sin peso? ¿O nuestra propia carga existencial hace imposible la levedad? Si decidimos entregar nuestra vida a la levedad: ¿acaso esta se nos torna insoportable?

El peso conlleva responsabilidad, implica tomar y asumir decisiones. La palabra libertad no necesariamente implica levedad: también podemos ser felices en el peso y esclavos en la levedad, habitados por una terrible indolencia paralizadora (o como tan acertadamente expresara Pink Floyd; podemos estar comfortably numb – plácidamente paralizados).

Un peso hecho de palabras

Sin embargo, el idilio no duró mucho. Seguía sintiendo una necesidad por el peso, mi levedad se tornó insoportable. La misión, siempre pensé, tendría que venir de la mano de las palabras, como armas contra los males del mundo; la palabra como belleza, como poesía, como reflexión.

Mi levedad se demostró ficticia cuando me ascendieron a Manager asistente del restaurante. Me imaginé trabajando diez años más en aquel lugar y que mi máxima preocupación fuera la cantidad de comensales y el monto de dinero que se facturara. Decidí marcharme.

Sin embargo, hoy me pregunto si acaso esos deseos altruistas no son más que la proyección de mi ego. ¿Acaso no se trata todo de lo mismo? ¿O es que ver una nota publicada bajo mi nombre en una revista no representa en mayor medida a un deseo egocéntrico que a una misión en la vida? ¿De qué forma el mundo se ve beneficiado por mi insignificante trabajo?

Aún me es difícil decidir por la levedad o por el peso, siendo esta según Kundera, la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones. Sólo sé que por momentos ansío el peso de las palabras mientras en otras ocasiones sueño con la levedad y con volver a experimentar esa libertad que sentí en el restaurante de Nueva Zelanda.

lunes 27 de abril de 2009

Retrospectiva de Freaks de Tod Browning

Los comienzos década del treinta no habían augurado un muy buen pronóstico para Estados Unidos. Los años de la gran depresión habían sumido para 1933 a un 25% de la población en el desempleo a la vez que un 60% de los americanos eran categorizados como pobres por el gobierno federal. La ley seca que finalizara en 1933, tremendamente impopular durante los años de depresión, era vista como la responsable de muchos de los acuciantes problemas sociales, entre ellos los derivados del accionar de la mafia, cuyo máximo representante era Al Capone. Mientras tanto Bonnie Parker y Clyde Barrow captaban melodramáticamente la atención de los periódicos con sus atracos a mano armada.

Sin embargo, en estos convulsionados tiempos, el cine estaba siendo partícipe de un cambio fundamental: el paso del cine mudo al sonoro (los talkies, como simpáticamente las denominan los norteamericanos). Si bien el cine sonoro se venía desarrollando a lo largo de la década del veinte fue con el exitoso estreno de El cantante de jazz en 1927 que la industria cinematográfica acoplará paulatinamente a la utilización de este avance técnico. Y aunque el paso al cine al sonoro no terminaba de convencer a los grandes estudios y se manifestaba traumático para muchos terminó por destronar completamente al cine mudo. Nos encontramos, a la vez en la década del treinta, en los comienzos de la edad de oro de Hollywood y el establecimiento de su studio system con el posicionamiento los grandes estudios cinematográficos como Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Paramount Pictures, RKO, Warner Bros y Universal.

En 1930 nacen Mickey Mouse y el malogrado Código de Producción, o también llamado Código Hayes, por el cual la industria cinematográfica estadounidense se sometía a un estricto control y censura sobre sus productos, decidiendo que películas eran moralmente aceptables y cuáles no. Pero a pesar de su establecimiento en el comienzo de la década fue recién en 1934 y hasta 1968 que esta medida fue efectivamente adoptada.

Estamos pues ante un período único en la historia del cine estadounidense, hablo de gramáticas de producción de sentido que prevén el surgimiento de una obra rupturista. Por un lado una exploración de las potencialidades del medio generado por el advenimiento del cine sonoro que se enmarca en un periodo de crisis económica y social (y la subsiguiente necesidad apremiante de crear vías de escape para el público a través del entretenimiento) y por el otro, la relativa libertad de contenidos motivada, seguramente por una ignorancia casi inocente de las posibilidades del cine.

El nacimiento de Freaks

En 1931 Universal estrenó en los cines una de las películas más taquilleras del momento: Drácula protagonizada por Béla Lugosi y dirigida por Tod Browning. El joven productor de la MGM, Irving Thalberg, idea la posibilidad de realizar una película de horror que aventaje a las demás productoras, en el renacimiento de este género que era nuevo en la pantalla, dirigida por el mismo Browning que acababa de terminar su contrato con Universal. Thalberg y compañía se proponían hacer la película más terrorífica de la historia y es entonces que Browning adapta el cuento Spurs (Espuelas) de Tod Robbins, generando una versión mucho menos oscura que el texto original y dando nacimiento de esta forma a Freaks.

Tod Browning y parte de su elenco

La película transcurre en un pequeño circo ambulante poblado por gran variedad de mounstros de feria. Quizás hoy en día no estemos demasiado familiarizados con este tipo de espectáculos que sin embargo datan desde la Edad Media y fueron muy exitosos durante el período victoriano en Europa y Estados Unidos. En ellos se presentaban como horrores (o maravillas) de la naturaleza a hombres y mujeres marcados por la diferencia física: poseedores de malformaciones o particularidades corporales. Se trataba, como muestra el film de Browning, de personas con distintos tipos de enanismo, con ausencia de brazos y/o piernas, con problemas microcefálicos (llamados pinheads -cabezas de alfiler-), gemelos siameses, hombres-esqueleto, mujeres barbudas, etc. Un caso muy resonante en la Inglaterra de la era victoriana fue el Joseph Merrick también conocido como el hombre elefante, retratado por John Hurt en el film de David Lynch. Pero también eran parte de estos circos otras personas que no sufrían trastorno físico alguno pero que exponían sus cuerpos a diferentes peligros o situaciones anómalas o quienes a través del maquillaje, el vestuario o el ejercicio acentuaba ciertas características físicas peculiares. Este es el caso de los hermafroditas de las ferias quienes se reconocían fácilmente por utilizar un traje que los representaba como mitad hombre- mitad mujer. En realidad, la mayoría de las veces se trataba de mujeres que ejercitaban la mitad de su cuerpo para tener aspecto más masculino de un lado de él y que luego acentuaban la diferencia entre ambos sexos a través del vestuario y el maquillaje.

Josephine Joseph

El propio Browning conocía bien este mundo y a sus integrantes ya que había formado parte de él desde los dieciséis años cuando huyó de su hogar. Trabajó como payaso, contorsionista, acróbata y hasta de comedor de serpientes. El mundo freak y su juego de apariencias lindantes entre lo bizarro y lo grotesco era un universo que lo había intrigado desde sus comienzos en el cine. En su asociación con uno de los actores más rentables del cine mudo, Lon Chaney, conocido como el “hombre de las mil caras”, Browning explotó la versatilidad de su actor en personajes demenciales: auténticos freaks de colección. Pero con la realización de su película más recordada dejó de lado las máscaras para mostrar los rostros reales de la monstruosidad humana.

El triángulo amoroso de Freaks

La trama de film no se aleja demasiado del clásico melodrama (la bella y despiadada mujer que planea junto a su amante matar a su rico marido para cobrar la herencia) salvo por el detalle de que en este caso el marido es un enano de circo. Pero la fuerza del relato va de la mano de un collage de personajes secundarios cuya mera presencia en la pantalla suscita la más morbosa e inquietante atención por parte del espectador. Browning nos enseña su monstruosidad sin tapujos como así también nos ofrece un vistazo a una monstruosidad menos aparente, esta vez escondida en la belleza física, que no nos viene preconcebida en el mero acto de mirar.

La muerte y resurrección de Freaks

El mundo no estaba preparado aún para Freaks. Tras su estrenó en enero de 1932, el film recibió pésimas críticas, además de tener que cortar su duración de noventa a sesenta minutos y de modificar el final para hacerlo menos macabro. Freaks se convirtió en un icono de la depravación de Hollywood. Se habla de gente que salía despavorida del cine y de una mujer que se horrorizó tanto al ver la película que tuvo un aborto y acabó poniendo una demanda. El escándalo y al fracaso comercial hicieron que MGM retirara la película de circulación el mismo año de su estreno. El film, que estuvo prohibido en muchos países por tres décadas, representó un verdadero suicidio profesional para su director, quien al poco tiempo decidió retirarse definitivamente del mundo del cine. Tod Browning murió recluido solitariamente en 1962 sin haber pronunciado jamás una palabra sobre Freaks.

El tiempo pasó y con él también lo hicieron la ciencia, la tecnología, los medios de comunicación y la guerra. La Segunda Guerra Mundial significó un antes de un después en el imaginario colectivo. Nunca como hasta ese momento se había asistido a un espectáculo tan tremendo de muerte y aniquilación: las imágenes de los campos de concentración y de las bombas en Hiroshima y Nagasaki recorrieron el mundo. Pero el despliegue de monstruosidad no acabó. Estados Unidos y la Unión Soviética jugaron su Guerra Fría en tableros ajenos.

Es recién en la década del sesenta cuando Freaks resucita de la mano de una contracultura que celebra la idea de la trasgresión y rechaza el american way of life. La película comienza a ser presentada en el circuito under y va adquiriendo categoría de culto. Y de su mano, lo freaky, lo diferente, lo extraño va instaurándose como una categoría socialmente válida. Lo freak se critaliza en el lenguaje y en el imaginario. Pero, en su revés, lo freak se aproxima a la norma, se acerca a lo cool, se transforma en producto de consumo y se desradicaliza en un vaciamiento típicamente postmoderno.

Lejos, estamos hoy día de asistir horrorizados al film de Tod Browning. Mucho agua ha pasado debajo del puente, mucha terror verdadero. Sin embargo, Freaks sigue siendo única e irrepetible, polémica e imposible de olvidar. Y lo es porque su creador nos reservó a cada uno de nosotros el papel principal en su película: el de la monstruosidad de nuestras propias reacciones.

miércoles 15 de abril de 2009

Los que no tienen ni voz ni voto

No puedo dejar de sentir un sabor amargo cada vez que voy a un zoológico. Debo reconocer culposamente que es gratificante ver el asombro inocente de mis sobrinos ante la colección de especímenes dispuesta en estos lugares. E intuyo bien pensadamente que quienes trabajan allí deben de hacer su trabajo con esmero y amor a los animales. Pero me es difícil compatibilizar ese sentimiento con el desdén que me produce ver un puma caminando de un lado a otro de su oscuro y pequeño cubículo, observar como larguísimas serpientes se enroscan en una única y solitaria rama disponible o captar la mirada perdida de un primate ante cientos de proyectiles en forma de cacahuates. Más vergonzoso aún es el accionar del zoológico de Luján, en Argentina, cuya mayor atracción es la de permitir a los visitantes tener encuentros cercanos con leones, tigres, osos y demás animales salvajes además de permitirles montar y dar de comer a estas fieras por una módica suma de dinero. Es una vergüenza que haya tenido que ser un medio extranjero, el periódico británico The Sun el que echara luz sobre estos inauditos hechos.

Para colmo de males, Jorge Semino, dueño del zoológico de Luján sostiene refiriéndose a los animales: “Los educamos con amor desde chicos. Se doman como caballos. Estos animales llevan varias generaciones en cautiverio. Montarlos es más seguro que andar en subte”. El naturalista, museólogo y director de la revista Vida Silvestre, Claudio Bertonatti sostiene, en cambio, que el zoo de Semino no es ni siquiera un zoológico sino un depósito de animales vivos con dotes de circo.

Turista montando a un león en el Zoo de Luján. Foto: The Sun

Por otro lado, recientemente los medios se hicieron eco de una noticia que conmocionó a la comunidad científica. Un chimpancé de treinta años llamado Santino, residente del zoológico de Furuvik en Estocolmo, ataca, con premeditación y alevosía, a los humanos que van a contemplarlo: pacientemente selecciona piedras, las lima y deja preparadas para arrojárselas, al día siguiente, a los desprevenidos espectadores de su involuntario espectáculo. Los científicos sostienen que este caso demuestra que un animal distinto al hombre puede hacer planes de futuro de manera espontánea. Que este asunto se plantee como revelador demuestra como en la lógica magnánima de los seres humanos los animales no sólo son excluidos de todo tipo de razonamiento en pos del malogrado concepto de instinto así como también de sentimientos y comportamientos hacia el sufrimiento (de ahí el escaso interés hacia las patéticas condiciones en las que viven los animales cuya carne está destinada al consumo humano). Justificamos nuestra supremacía como especie para utilizar en forma despiadada para nuestro propio beneficio a quienes no tienen ni voz ni voto.

Santino

Cuando estuve en el Sudeste Asiático asistí personalmente a varios casos de crueldad contra los animales. Recuerdo perfectamente a dos monitos bebé con pañales, enjaulados y saltando frenéticamente de un lado a otro de su diminuta jaula. Una turista que conocía ampliamente la zona me comentó que los lugareños matan a las madres para quedarse con las crías. En otro extremo del mismo pueblo un pequeño mono con una cadena en una de sus patas gemía ante el constante acoso de unos niños. Muchos de los simios que son tenidos en cautiverio en el Sudeste Asiático luego son utilizados para recoger cocos de las palmeras, hecho que también presencié en Tailandia. La organización pro derecho de los animales Peta ha publicado un artículo en su página Web en la que sostiene que en el citado país un mono entrenado para recoger cocos mató a su dueño (supuestamente en forma intencionada) arrojándole uno de estos frutos en la cabeza. Aparentemente el primate era frecuentemente restringido en sus horas de sueño y golpeado si se negaba a trabajar. ¿Podrán estos hechos convertir a los monos en voceros de una situación intolerable?

El tiro que le sale por la culata a la Iglesia

En estas últimas semanas España se vio conmocionada por una particular campaña antiaborto llevada a cabo por la Iglesia Católica. En ella se compara un bebé con un lince ibérico aduciendo que se protege más a los animales que a los seres humanos. Claro está, a la Iglesia nunca le interesó pronunciarse por los derechos de los animales que son tan legítimos habitantes de este planeta como nosotros. Así como tampoco nunca pareció verse realmente preocupado por el derecho que tenemos las mujeres de decidir sobre nuestro propio cuerpo. La Iglesia no se interesa de la violencia de género, ni por la superpoblación mundial ni por la vida de las personas porque de otra forma no podría entenderse que Ratzinger se pronuncie en África en contra del uso de preservativos en un continente devastado por el HIV. Y que además de esto tengamos que aguantar que el ex obispo Fernando Lugo haya utilizado la plataforma de poder que le ha dado la Iglesia Católica y así convertirse en presidente de Paraguay para luego enterarnos que mantiene hace diez años una relación con una mujer que en el comienzo de su amoríos era menor de edad y quien concibió un hijo mientras este hombre ejercía aún su cargo eclesiástico.

La Iglesia se preocupa por “el derecho a la vida” de los que todavía no nacieron pero no “por el derecho a vivir” de los que ya están vivos. Y siempre las más damnificadas son las mujeres. Poco importan las tremendas cifras de muerte relacionadas con el aborto ilegal (siendo, obviamente las mujeres marcadas por la pobreza las verdaderamente afectadas) como las de mujeres muertas a pedradas, las sometidas a mutilación genital y demás prácticas bárbaras en sociedades en las que el género femenino tiene tan poca voz y voto como lo tienen los animales en el mundo occidental.

El día de hoy un tribunal resolvió en Cádiz rechazar el recurso de la fiscalía que solicitaba el encarcelamiento de unos padres de origen mauritano acusados de amenazar, coaccionar y obligar a su hija de catorce años a casarse contra su voluntad con un primo de treinta y nueve y a tener relaciones sexuales con este. La niña, siguiendo el consejo de una familia española amiga, denunció a sus padres a las autoridades. Se hablaba de diecisiete años de cárcel para la madre, trece años y seis meses para el marido de la menor y un año y seis meses para el padre de la chica. Finalmente la justicia decidió absolver a los acusados después de la protesta de mauritanos y españoles en nombre del multiculturalismo y el respeto a las tradiciones de las etnias, a pesar que esta familia reside en suelo español.

¿Dónde queda ese amor al multiculturalismo a la hora del imperialismo cultural? ¿Dónde queda esa defensa de la soberanía de los pueblos a la hora de invadir y someter regiones enteras meramente por sus recursos económicos? ¿Y cómo es posible que los organismos internacionales sigan cruzados de brazos ante las aberraciones cometidas contra las mujeres? Si esos hechos se cometen en España, un país en contra de este tipo de prácticas, ¿no debiera aplicárseles la misma ley que rige para españoles y extranjeros no musulmanes? ¿O acaso se va a permitir que en tierra española se lapide a muerte a una adúltera porque sus tradiciones así lo establecen?

Referencias:

Zoo de Luján:
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=22185
http://www.thesun.co.uk/sol/homepage/news/article2350788.ece

Mono que mató a su dueño:
http://blog.peta.org/archives/2009/03/monkey_kills_cr.php

Santino:
http://www2.elmundolibro.com/suplementos/natura/2009/35/1239660007.html

Caso de la menor mauritana:
http://www.telecinco.es/informativos/sociedad/noticia/100002539/Obliga+a+su+hija+de+17+anos+a+casarse+con+un+primo+de+40

martes 31 de marzo de 2009

Réquiem de una bailarina


¡Oh, ingratas nínfulas de papel rosado

girando orgiásticas en desbordantes melodías!
Dolorosas corcheas, estrepitosas blancas
en serpeteantes dedos.

Yo era una de aquellas
traslúcidas conejillas
ajena a sus heladas madrigueras,
encapsulada en un mundo
demasiado bello,
demasiado efímero.

Cuando otras niñas
retozaban en infantiles simulaciones

o aún cuando sucumbían
a insólitas tramas de amor,
yo convertía las puntas de mis pies
en pequeñas alas hacia un mundo lejano,
tan lejano como las garras del tiempo.

Tiempo ilógico e irreconocible,
noción en desuso
para las vanidosas juventudes
que llevan en su cuerpo
la sabiduría de los dioses.

No tardaron en llegar
los agoreros de la catástrofe
cuando el tobillo cedió al final
o la espalda no acompañó
rectamente dispuesta.

La oscuridad se expandió
en un millón de nubes
y la brumosa luz del proyector
dejó de seguirme.

Era mi vida esa otra vida
y no hay nada después de ella.
¿Cómo volver a ser oruga?
Volver a ser crisálida
de inocuos sentimientos.

La sabiduría del tiempo
es una farsa.
Ha venido por mí
reclamando temerarias nimiedades.
¿O acaso olvida
que yo danzaba entre los cisnes?
¿O acaso ignora
que yo dormía en su regazo?

Mi cuerpo-instrumento
pierde su afinación
y se transforma
en un soporte almidonado.
No hay más muerte que esta...
de eso estoy segura.

L´Attente. Edgar Degas.

jueves 26 de marzo de 2009

El sueño cósmico- Cuento Parte III

Me acomodé en una silla libre que quedaba entre dos personas al fondo de la sala. Releí el contenido de la pizarra sin llegar a hilar una conexión en mi cerebro. Los dos médicos se hallaban contemplándonos en silencio. De pronto el mayor dijo:

- Una de cada diez personas experimenta la sensación de salirse de su cuerpo al menos una vez en la vida. Sin embargo, son pocos los que pueden llegar a comprender en forma cabal este hecho y menos quienes logran aprovechar realmente la experiencia. Ni hablar de la mínima proporción que puede repetir este tipo de situaciones para así poder trascenderlas y ampliarlas.
Las distintas fases que ven descriptas en la pizarra forman parte del plan de acción que llevaremos a cabo de ahora en adelante en pos de investigar las posibilidades y potencialidades del sueño cósmico. Una a una iremos trabajando estas etapas, generando así un aprendizaje y un bagaje de herramientas, conocimientos y nuevas habilidades. Podría decirse, de algún modo, que a partir de hoy nos iniciamos no en un simple y llano experimento sino en una escuela donde aprenderán de nosotros pero a la vez, donde ustedes mismos tendrán que dar cuenta de los conocimientos aprehendidos. Es un proceso de ida y vuelta y es por eso que lo primero que tienen que grabarse en la mente el día de hoy es que ustedes no son meros conejillos de indias, vacíos receptáculos de la labor científica sino co-autores del descubrimiento y agentes fundamentales de su realización.
Podemos decir con seguridad que raramente los practicantes de viajes astrales habrán llegado a los resultados a los que nosotros arribaremos. La droga que utilizaremos para nuestras sesiones, que de ahora en adelante llamaremos DP (por Dream Pill), no ha sido utilizada más que en nuestras pruebas preliminares y ha sido especialmente ideada para este tipo de propósitos. Su especial composición nos llevará en aproximadamente dos minutos a la sensación de salirse del cuerpo a la vez que potenciará la sagacidad de nuestros sentidos en el universo paralelo al que nos veamos transportados.
La mayoría de los científicos que han tratado de racionalizar el viaje astral han fracasado por la endémica miopía que existe con respecto a la forma de abordar este fenómeno. La limitación natural de nuestros sentidos se ve reforzada por la limitación cultural de nuestra mente occidental. La Fundación Cosmic Dreams, por el contrario, se plantea como un punto de encuentro científico-místico, aunando ambas cosmovisiones, ambas formas de ver el mundo, en una síntesis nueva.

Debo reconocer que sentía una especie de fascinación hacia la forma de hablar de ese médico. Ese sentimiento activaba también las paranoias siempre presentes en mí de que sus palabras no eran más que detonantes de oscuros mensajes subliminales (Sí, lo reconozco, mi vida siempre se ha caracterizado por mucha ficción y poca acción. Debe ser por eso que estoy un poco gordito). El otro médico, en cambio, empezaba a darme mala espina con su eterna sonrisa beata pero la verdad es que poco es lo que podía inferir de él porque rara vez abría la boca. Pero lo que quería decir, tras este revuelo de pensamientos, es que el médico mayor tenía una manera asombrosa de concatenar las palabras, de tejerlas en el lenguaje, como si una a una le fueran dictadas por un invisible escribiente a la vez que un versátil marionetista distorsionaba levemente su rostro sólo por delicados gestos que enfatizaban su discurso.

-Los hemos elegido –continuó el doctor- porque hemos visto en ustedes perfiles con potencialidades que podrían ser valiosas para el proyecto. Ya verán que con el paso del tiempo, cada uno de ustedes vivirá esta experiencia de una forma totalmente original. Algunos llegarán más lejos que otros en los siempre imprevisibles devenires del sueño cósmico y eso también será inevitable porque lo que podemos ver y de qué forma vemos eso que vemos depende en gran medida de cuán afinado esté el instrumento y de cuán experto sea el ejecutante. En este caso, el instrumento no es otro que nuestra mente y el ejecutante no es más que la encarnación de esa mente, eso que llamamos el yo. Porque la mente no es el yo y si nuestra capacidad mental es tan lim

¡Joder!, pensé, cada vez estoy menos seguro de qué se trata todo esto. Mi pasión por la ficción se reducía a las películas y la lectura había llegado un poco tarde a mi vida, sobre todo de la mano de Ana. Muchas de las cosas sobre las que hablaba el doctor me parecían un poco confusas aunque me hacían recordar vagamente a un pequeño libro de budismo que leí hace unos años.

Terminada la presentación, el doctor-beato nos dijo que no nos preocupáramos por las fases detalladas en la pizarra, que a su debido tiempo ya ahondaríamos en ellas. Recién entonces me distraje un segundo y pude ver la ondulada y rojiza cabellera de la misteriosa mujer (¿o sería color granate?, no lo sé, eso de las tonalidades es cosa de mujeres, los hombres sólo vemos colores primarios). En ese momento nos dirigimos a una inmensa sala llena de máquinas de todo tipo, algunas conocidas en mis escuetas incursiones al médico y otras de aspecto muy extraño, como salidas de un film de ciencia ficción. Había una que captó ampliamente mi atención y me hizo pensar en salir corriendo inmediatamente de aquel lugar. Se trataba de una especie de casco transparente con múltiples cables que salían de él. Estos a su vez se conectaban a una computadora con tres pantallas por persona. Parecía haber todo un despliegue tecnológico en ese lugar y empecé a sentirme más que en un “co-autor del descubrimiento” en una mera rata de laboratorio.

No era difícil adivinar la ubicación que me correspondía ya que las camas tenían el nombre de cada uno inscripto en la cabecera. Tomé asiento en la que me fue asignada y recién entonces me percaté que tanto la sala como la disposición de las camas tenían forma circular. El doctor-elocuente dijo que procediéramos a colocarnos el casco, del que sólo reparó en decir que era una herramienta innovadora en este tipo de experiencias. Hasta ese momento y a pesar de mis dudas, me había estado auto-convenciendo de que la decisión tomada, la de acceder al proyecto, había sido lo más acertado que podía hacer con mi vida, sin embargo, la “bizarredad” de la situación empezaba a incomodarme y a hacerme sentir como el típico tonto crédulo, al que venden chicha por limonada. A la vez, todos los participantes parecíamos tan disímiles entre sí que empecé a preguntarme si nuestra selección no seguiría los parámetros amarillistas de los reality shows, donde los participantes son elegidos sólo para representar estereotipos y generar conflictos dentro del grupo.

Ya era tarde. El mero hecho de levantarme e irme me resultaba tan vergonzoso que el miedo se convertía en el motor de mi valentía. Ese rasgo es común en mí, si me lo pongo a pensar. Las grandes decisiones de mi vida fueron motivadas por el miedo a hacer el ridículo.

Coloqué el casco en mi cráneo y sorprendentemente se adaptaba a él como si hubiera sido hecho a su medida. El interior se sentía acolchonado y los cables que colgaban no se sentían. Al lado de la cama había una mesita de luz con un vaso de agua y un cuarto de pastilla color verde. Una vez que todos nos acomodamos en el colchón –podía ver claramente a la pelirroja pues se encontraba hacia mi diagonal derecha- el doctor dijo:

- Yo sé que estáis preocupados, pero no hay nada de qué preocuparse. Todo lo contrario… Estáis por despertar a un sueño plácido y fantástico. Cada uno tiene a su lado una pastilla. Tómenla cuando lo consideren necesario pero antes pónganse cómodos. Recuéstense, arrópense, sáquense los zapatos. Empezaremos de poco… Media hora solamente. Relájense y gocen…

Tomé la pastilla, la deposité en mi lengua y con un rápido sorbo entró en el organismo. Pasó un minuto y no sentí nada. De repente algo muy extraño pasó. Algo que no me había sucedido en toda la vida.

CONTINUARÁ…

NOTA AL LECTOR:

El Sueño Cósmico comenzó siendo un cuento en tres etapas para publicar en este blog. Sin embargo, siento que el relato puede ir mucho más allá de lo que una duración tan limitada podría ofrecerme. Además, Naturaleza Ecléctica pretende ser y seguir siendo, como bien dice su nombre, un espacio que esté compuesto por elementos diversos surgidos de mi subjetividad. Es por eso que he decidido convertir a El Sueño Cósmico en una Blognovela que se publicará de ahora en más en: www.novelacosmica.blogspot.com

Las actualizaciones serán notificadas por este blog. Saludos.

martes 17 de marzo de 2009

El sueño cósmico – Cuento Parte II

-Vamos a hacer un pequeño receso de quince minutos –dijo el doctor más joven- y cuando volvamos empezaremos con las pruebas psicotécnicas para seleccionar a los miembros de nuestro proyecto. Tienen máquinas de café, agua y golosinas en la entrada.

Me quedé sentado por unos minutos reflexionando sobre todo lo que me estaba pasando mientras las piernas de la gente iban y venían a la altura de mi mirada. De pronto, la dulce voz de una mujer me dijo:

-Voy por un café. ¿Quiere usted que le traiga uno?

- Sí, por favor –respondí torpemente ante la sorpresa del ofrecimiento. Debo de tener demasiada cara de aturdido y desamparado, pensé a continuación. Cuando ella volvió fue recién cuando pude verla claramente. Tendría unos treinta y cinco años, cinco más que yo, pero vestía de una forma discreta y anticuada. A pesar de que era una mujer muy atractiva tenía cierto aire a persona mayor. Quizás el hecho de que no me hubiera tuteado me condujo también a ese pensamiento.

-Aquí tiene –dijo depositando el vaso descartable en mis manos. –Supongo que aún tendremos mucho por delante el día de hoy.

-Si, ya lo creo- respondí. Aquella mujer me inspiraba confianza así que me animé a exteriorizar las dudas que pujaban por salir de mi interior y de paso aproveché para romper la formalidad: -¿Qué piensas de todo esto? –pregunté.

-A decir verdad, estoy aquí no para buscar un trabajo sino por la necesidad de revivir una experiencia que tuve un año atrás y que no pude volver a repetir.

- Yo vine porque estoy desempleado –contesté sin saber que comentar a semejante declaración.

- Yo tenía una hija, ¿sabes? –dijo descargando en mis ojos una profunda intimidad que me acaloró. –La tuve sin quererla, odiándola por haber invadido mi cuerpo en la flor de mi juventud. Por ella tuve que resignar muchas cosas. Pero cuando la tuve nada de ello me importó. Esa personita iluminó mi vida. - ¿Tu tienes hijos?

- No, aún no.

- Hace cuatro años los médicos le descubrieron leucemia. El día de su muerte me dijo: “Mamá no te preocupes, estoy lista para irme. Ya no tengo miedo.” ¡Fue tan valiente! ¡Sólo tenía diez años! Yo estaba destrozada, por supuesto, sin poder rehacer mi vida. Pero una noche, un año después de su muerte, tuve un sueño muy vívido, que aún no logro racionalizar del todo pero que según lo que he leído se trataría de un viaje astral.

- ¿Entonces tú sabes de que se trata este asunto? –pregunté en un intento de hacer oídos sordos a su dolor.

- En realidad, no. Pero algo me dijo que tenía que venir aquí.

En ese momento los dos médicos volvieron a aparecer. Uno de ellos expresó:

- Empezaremos con algunas pruebas físicas que tomaran aproximadamente una hora y luego seguiremos con los tests psicológicos y las entrevistas que tardarán unas dos horas.

A continuación me vi sometido a diversos tipos de pruebas y no tuve oportunidad de volverme a encontrar con aquella mujer de la que ni siquiera sabía el nombre. Durante esa primera hora, me tomaron muestras de sangre y orina, me hicieron un electrocardiograma, una placa de tórax, inspeccionaron mis oídos y ojos, me pesaron, examinaron mi resistencia física haciéndome correr por diez minutos en una cinta y midieron mi elasticidad a través de ejercicios. Semejante cantidad de exámenes empezó a preocuparme un poco. ¿Es que acaso necesitaba yo aptitudes físicas excepcionales? En tal caso, ¿para qué?

Sin embargo, lo más duro e intrigante vino de mano de la entrevista personal. Primero tuve que completar una serie de multiple choice bastante corrientes que ponían a prueba mi lógica y rapidez o las respuestas a ciertas situaciones hipotéticas pero nada muy distinto de la clase de chorradas que te preguntan en las entrevistas de trabajo. Pero luego, cuando el escrutinio pasó a ser personal y tuve cara a cara a dos mujeres en guardapolvo blanco la situación cambió. Es gracioso lo nervioso que se puede sentir uno teniendo a dos nada despreciables damas revestidas de autoridad observándote como si fueras un mono de laboratorio. En ese momento no lo pensé pero ahora creo que no fue fortuita la elección de que fueran dos exponentes del sexo opuesto quienes me entrevistaban. Nada parecía librado al azar en ese lugar.

“¿Cuál sería el poder que elegiría si fuera un súper héroe?

¿A qué le tiene miedo?

¿Cuál es su mayor ambición?

¿Qué cree que pasa tras la muerte?

¿En qué animal le gustaría transformarse?

¿Qué espera que le dé esta experiencia?

¿Qué fue lo más osado que hizo en su vida?”

Esas eran sólo algunas de las preguntas que tuve que contestar intentando superar mis primeros balbuceos y mi mente acostumbrada a responder no con la verdad sino con la conveniencia. Era difícil contemplar cuáles eran las respuestas adecuadas así que decidí soltarme y ser yo mismo. Para finalizar, me mostraron algunas imágenes (mejor dicho: manchas) bastante extrañas que debía de interpretar (pero no las clásicas del pulmón o la Coca Cola que pasan en las películas sino otras más complejas).

Efectivamente habían pasado tres horas desde que empezara todo este proceso. Tras firmar el acuerdo de confidencialidad me despidieron diciendo que a la noche recibiría un mail con los pasos a seguir. Me resultó un tanto extraño que al salir no me cruzara con nadie pero estaba molido así que me fui a casa. Aunque parezca bastante tonto de mi parte decidí no contarle nada a Ana; le dije que no sabía de que se trataba todo ese asunto porque me habían hecho una entrevista laboral común y corriente, sin suministrarme ninguna información. No debí mentirle pero no quería asustarla y el meollo eran tan intrigante que me costaba incluso explicarlo en forma inteligible. Es recién ahora, con estas líneas, que empiezo a articularlo en mi mente.

Esa noche debí haber chequeado el correo en mi ordenador unas cuatrocientas veces hasta que finalmente recibí un e-mail con remitente y asunto idéntico: Fundación Cosmic Dreams. El mensaje decía lo siguiente:

Preséntese mañana a las 22.00 hs. Muchas gracias.

Pese a la inmensa expectativa que tenía y aunque parezca poco creíble, esa noche llegue diez minutos tarde. Se trata de una olvidable concatenación de circunstancias fortuitas que sólo deciden cooperar en los momentos clave de mi vida para jugarme una mala pasada. Al llegar, mis ojos visualizaron dos cosas: una sala con alrededor de diez personas entre las que se encontraba la misteriosa mujer y las siguientes anotaciones en la pizarra:

1° Fase: Exploración y sensaciones corpóreas

2° Fase: Interacción (comunidad)

3° Fase: Movimiento en el espacio

4° Fase: Reconocimiento de señales

5° Fase: Transformación

6° Fase: Interacción con otros sujetos (visibilidad aparente)

7° Fase: Movimiento en el tiempo.


Continuará...

martes 10 de marzo de 2009

El sueño cósmico – Cuento Parte I


Otro día sin trabajo. Que hastío.

Quemarme las retinas mirando las tediosas páginas de trabajo en Internet. Competir virtualmente con cientos de candidatos anónimos tan desesperados como yo. Rellenar formularios, responder preguntas, acomodarme la corbata, chequear el aliento, esconder el tatuaje, esbozar una sonrisa prefabricada.

Cuánto quisiera hacer de mi Curriculum Vitae una obra de arte surrealista y no un frío compendio de conocimientos y experiencias. Escribir en mi perfil “Soñador empedernido busca trabajo cazando utopías” o chorradas por el estilo y adjuntar una foto riendo a carcajadas con un pitillo en la mano y el mar del fondo.

Hace unos días, sin embargo, sucedió algo extraño. Decidí comprar el periódico y chequear los avisos de empleo para sentirme como en los viejos tiempos en los que me despertaba a las cinco de la mañana para ser de los primeros en llegar a las entrevistas. En el diario encontré un aviso que llamó ampliamente mi atención y no soltó mi mente por el resto del día.

Parecía que el anuncio hubiera estado escrito para mí. Por primera vez alguien se dignaba a ampliar las posibilidades de la comunicación de una forma intrépida e intrigante. Debo reconocer que lo de “ampliar la conciencia hacia límites insospechados” era un tanto confuso y me sonaba a conejillo de indias pero de todos modos decidí emprender la aventura. No tenía nada que perder más que un par de horas que de todos modos malgastaría en alguna que otra burda distracción.

Esa noche en la cena se lo comenté a Ana, mi mujer, a quien todo el asunto le pareció un tanto escalofriante pero no por ello dejó de apoyarme como siempre lo hacía. Creo que habrá pensado que yo estaba loco al interesarme por un anuncio que seguramente estaría dirigido a pobres infelices o a amas de casa realmente desesperadas que encontrarían en esas líneas publicadas un motivo tonto y fútil al cual aferrarse. De todos modos, nada me hacía diferente (salvo el amor de Ana) a ese puñado de perdedores surgidos de su imaginación.

Al día siguiente me presenté en la Fundación Cosmic Dream. Al llegar me sorprendí de ver en el hall de entrada una fuente muy similar a la del pez en Mon oncle de Jacques Tati. Interpreté ese detalle como una señal, como habitualmente hacía con todas las cosas que me sucedían, y con una sonrisa entre dientes me pregunté si en la Fundación también encenderían el chorro de agua cuando llegan las visitas.

Rápidamente me ubicaron en una sala con otras treinta personas aproximadamente. Más que una entrevista parecía una capacitación ya que todos nos ubicamos mirando hacia un pequeño escenario. En cuanto visualicé a la gente me sentí un tanto ridículo al haber concurrido con bermudas y camisa hawaiana; la inmensa mayoría se encontraba formalmente vestida. Dios mío, pensé, la gente no usa su libertad ni aunque le sea impuesta.

Tras quince minutos de espera, salieron dos hombres en guardapolvos blancos, presumiblemente doctores. Uno tendría unos cincuenta años y un aspecto muy jovial y el otro andaría por los treinta y largos y una expresión afable. El mayor interrumpió el silencio y dijo:

-Bienvenidos a Cosmic Dream mis queridos amigos. Me imagino que la gran mayoría de ustedes estará preguntándose ¿Qué coño estoy haciendo aquí? ¿De qué se trata todo esto? Con intención de despejar sus dudas y calmar las ansiedades que se respiran en el ambiente les voy a dar una pequeña clave del motivo de su convocatoria: ustedes están aquí para aprender y aprehender ese mundo oculto que habita en los sueños y para participar de un proyecto innovador científico-místico único en el mundo.

-¿Se trata de someterse a un experimento científico? –alguien preguntó abruptamente.

-Bueno,-continuó el profesor –aquí nadie se somete a nada, en todo caso colabora. Y sí, podríamos hablar en términos de experimento científico pero a la vez hablamos de un descubrimiento que cambiará para siempre sus vidas.

El interlocutor no pareció satisfecho con la respuesta y decidió abandonar la sala. El doctor más joven sostuvo:

-Agradecería que todo aquel que desee retirarse lo haga libremente ahora pero por favor que el que decida quedarse se mantenga en su asiento hasta el final de la presentación.

Una mujer mayor se paró en forma decidida, dejando tras de ella la estela de un perfume ordinario mientras que una joven se retiró de la sala agachando la cabeza.

-Es bueno saber –retomó la palabra el profesor- que el resto de ustedes responde al menos a uno de los requisitos del anuncio: la curiosidad. La Fundación Cosmic Dream es una entidad privada científico-mística dedicada al estudio de lo que muchos llamarían viaje astral o sueño lúcido pero que en realidad presenta una gran diferencia con lo que nosotros hacemos aquí. Primero y principal, a partir de nuestras investigaciones hemos llegado a crear un componente capaz de transportarlos con un 98% de efectividad a los recovecos oníricos del viaje astral. Es decir, nuestro método no requiere de ninguna preparación previa, ni de ubicar la cama en dirección norte, ni de ejercicios de respiración, ni de hipnosis ni de la mera predisposición o suerte del participante que realice la actividad. Ya volveremos sobre este tema.
Otra diferencia importante es que al despertar seremos absolutamente conscientes de todos y cada uno de los acontecimientos que vivamos durante este sueño cósmico, como nosotros le llamamos. No tendremos un registro borroso de ellos, como ocurre generalmente con los sueños, sino que dispondremos de ese conocimiento para nuestra vida diaria. No hace falta que diga las consecuencias positivas que este hecho puede acarrear. Traten de imaginarlo por un minuto.

A esas alturas el público se hallaba atónito, siendo yo uno más de los confundidos espectadores.

-Veo sus caras de estupefacción –prosiguió el profesor tras una breve pausa- y me imagino que estarán pensando en que les voy a ofrecer la pastilla roja de Matrix. Por favor no se confundan. No hablamos de la posibilidad de salir de un mundo prefabricado para entrar en otro mundo físico sino de liberar nuestra alma. Como dijo el psicólogo cognoscitivo Jorge Olguín, el ser humano no tiene alma sino que es un alma con una envoltura física.
Creo que esta información es suficiente en esta etapa preliminar. Sólo hace falta aclarar dos cosas antes de proseguir con el proceso de selección. La primera es que el objetivo de este estudio, por el que serán remunerados económicamente, es delimitar las posibilidades de acción durante el sueño cósmico y, a su vez, establecer los efectos sobre la vida misma. El segundo tema refiere a que estaremos utilizando una droga especialmente preparada para estos propósitos. Si bien la misma fue probada en animales y humanos y no presentó efectos adversos en ellos, ustedes deben saber que hay seres que muchas veces desafían la estadística. Uno de los compuestos de la droga es la ayahuasca, un preparado vegetal producto de la planta Banisteriopsis caapi. Ayahuasca significa en quechua “la soga de los espíritus” y es utilizada por los pueblos indígenas de la Amazonia desde tiempos remotos para la comunicación con el mundo de los espíritus. De ahí la etimología de su nombre. Sin embargo, el porcentaje de esta sustancia en la droga que utilizaremos es muy baja, motivo por el cual pueden desechar desde ahora sus fantasías de entrar en trance como los chamanes.

Tras algunas risas en la sala el médico más joven dijo:

-Bueno, todo aquel que quiera quedarse para las pruebas como el que desee retirarse tendrá que firmar un acuerdo de confidencialidad, por el que serán recompensado. Por favor ubíquense a la derecha de la sala los que quieran proseguir con la entrevista y a la izquierda los que deseen retirarse.

Debo confesar que quedé petrificado al escuchar tamaño discurso. La gente se iba dividiendo en mitades, algunos con claros rostros de ofuscación, otros excitados, pero todos claramente confundidos. Sólo quedábamos un par de indecisos empotrados en sus asientos. Entonces una súbita ráfaga de valentía motivada por la atracción visual que representaba mi camisa hawaiana me llevó inesperadamente hacia el lado derecho de la sala.

CONTINUARÁ…

lunes 2 de marzo de 2009

La Caja: psicología barata y zapatos de goma


En 1971 Stanley Kubrick llevaba al cine una adaptación de la novela de Anthony Burguess, La naranja mecánica, en la que el psicótico, hedonista y manipulador delincuente Alex de Large, amante de la ultra violencia, las violaciones y la novena sinfonía de Beethoven es sometido a un tratamiento médico experimental contra el comportamiento violento denominado bajo el nombre de Técnica de Ludovico. Este acondicionamiento ficcional consiste básicamente en una terapia de aversión para la rehabilitación de criminales. El paciente es sometido a la observación de imágenes violentas por períodos prolongados, sin posiblidad de dejar de mirar esa imágenes ni de parpadear, al tiempo que se encuentra bajo el efecto de drogas, llevando al paciente a una experiencia de muerte cercana. El objetivo de esta técnica es generar una condicionamiento del estímulo-respuesta entre la violencia y el dolor físico que daría como resultado la imposibilidad del sujeto de realizar actos violentos debido su correlato de dolor físico.

En 2009, Telecinco de España se despacha con un nuevo programa llamado La caja que se suma a otro de los grandes éxitos de este canal llamado El juego de tu vida en el que los participantes se someten a un detector de mentiras para ganar 1 millón de euros, dando como resultado algunos bolsillos abultados pero decenas de relaciones sociales o familiares destrozadas. La caja es, como denominan orgullosamente sus creadores, el primer reality psicológico del mundo, en el que un participante es sometido a una terapia acelerada a través de su incursión en un cubo gigante formado por cuatro grandes pantallas. Pero que mejor que darle la palabra a los que saben:

“LA CAJA es el primer reality psicológico del mundo. Una persona vive una sesión de terapia psicológica personalizada en el más increíble de los escenarios: UNA CAJA GIGANTE. Sentado en una butaca, el paciente recibe una descarga de estímulos audiovisuales que impactan directamente en su cerebro. Se experimenta con el miedo, el amor, la rabia, la alegría y el dolor. La reacción es inmediata, en apenas 1 minuto.

LA CAJA es un potenciador de emociones. Una sesión de terapia de choque capaz de transformar, en poco tiempo, la visión que el paciente tiene de si mismo y de sus problemas.

Por primera vez un programa de televisión se adentra en la parte más oculta del ser humano. Aquella que guarda el por qué de la timidez, de la depresión, del orgullo, de la obsesión, del dolor o de cualquier otro problema emocional.

LA CAJA es mucho más que ir al psicólogo, es tener un equipo completo de terapeutas a tu disposición .Es experimentar lo que nunca has sentido mientras hablas de lo que te obsesiona o lo que te impide llevar una vida normal. LA CAJA te da las pautas para sobrellevar lo que te supera y para afrontar la vida con una nueva actitud. Dicen que, en algunos casos, una hora dentro de LA CAJA equivale a más de 3 meses de terapia convencional.

LA CAJA está indicada para personas que sufran algún tipo de fobia, para aquellos que estén viviendo una ruptura sentimental, para los que no puedan controlar el odio o los celos, para los que hayan perdido un ser querido, para los que hayan pasado por la cárcel o para cualquiera que necesite un psicólogo. Para aquellos que sufren de adicción al sexo, al juego o al alcohol. Para anoréxicos, para personas obsesivas, para esquizofrénicos, para enfrentarse a los complejos… Para los que se hayan enamorado recientemente y mueran de amor, para los que hayan triunfado y no sepan asimilar el éxito,…”

Este texto, por extraño que pueda parecer, no es ni más ni menos que la descripción del programa a través de su página Web. Como vemos, La caja no está muy lejos en su concepción del disparatado método creado por Burgess o de los ya conocidos procedimientos de condicionamiento mental. A través de las imágenes, el sonido y el cándido discurso de una locutora en off el programa trata de resolver la aracnofobia de una señora, el miedo a las tormentas de un hombre, el impedimento de una mujer a tener relaciones sexuales a causa de su vaginitis, la necesidad de un joven de declarar abiertamente su homosexualidad o la obsesión de una chica con los animales desamparados. Pero también se presenta como un medio para exorcizar el dolor de una madre cuyo pequeño hijo sufre cáncer o el de un hombre que perdió a sus hijos y a su nieto en el trágico accidente de Spanair del año pasado.

Y aunque no parezca, este reality, que desmerece a la psicología al entregarnos su versión predigerida, es tan disparatado como el hipotético método de la Técnica de Ludovico. Como si la gente se curara sólo por contemplar imágenes de sus seres queridos, o asistir a las simulaciones del causante de su fobia, sumado a los tres o cuatro recursos que usan con cada participante como ¿qué le dirías a tal o cual persona si la tuvieras en frente? o reemplazar mentalmente las palabras negativas causantes de tu estigma como por ejemplo citando el caso de Miguel, el chico homosexual: enfermo, maricón, desviado, apestado, oveja negra, yonqui y loca por generoso, buen hijo, vital y respeto. Resumiendo: chapuzas de psicología, psicología barata y zapatos de goma.

En términos más banales debo decir que me indigna que este programa haya elegido como cortina musical al bellísimo tema leitmotiv de In the mood for love (Con ánimo de amar en Argentina o Deseando amar en España) del director honkonés Wong Kar-wai. Tratando de hacer justicia a esta hermosa melodía pueden ver una escena de la película al final de la nota.

El caso de Svetlana Orlova

Más allá de las razones que lleven a una persona a concurrir a un programa como este, es totalmente irresponsable jugar con las emociones de una persona en nombre de un espíritu caritativo cuando es claro que de lo que se está hablando es de generar dinero a partir del morbo televisivo.

La forma en la que se ha inmiscuido la televisión en el ámbito privado llega a puntos bochornosos, no siendo este un fenómeno nuevo. Sin ir más lejos, otro de estos programas de tele realidad español cuenta con el dudoso honor de tener una muerte en sus haberes. Y es que cinco días después de aparecer en el programa de antena 3, El diario de Patricia, la joven rusa Svetlana Orlova fue hallada apuñalada en su casa en Alicante. El hecho sucedió en noviembre de 2007, cuando Svetlana acudió al programa de televisión citado y se encontró frente a un “invitado sorpresa” que no era otro que su ex novio Ricardo Navarro, quien le propuso matrimonio de rodillas mientras en el letrero de la pantalla se leía “¿Le dará una segunda oportunidad a su ex novio?” Lo que el público no sabía era que este joven carnicero de Alicante ya tenía historial de violencia doméstica e incluso que la propia Stvelana lo había denunciado a las autoridades. Desconocían también que ella planeaba abandonar España con su pequeño hijo, producto de una relación anterior, con la intención de huir del acoso de este hombre.

Lo bochornoso, además, es que El diario de Patricia se siga emitiendo actualmente y que continúen surgiendo día a día programas televisivos que expongan de una forma tan poco ética la intimidad de las personas. Y lo más triste, lo peor, es que el caso de Svetlana no haya servido más que para aumentar el rating de otro efímero talk show.