Oops (mantendremos en secreto su nombre verdadero dado que es un artista anónimo) es un amigo madrileño graduado en Bellas Artes que vive en Londres. Un día recibo un mail suyo invitándome a su próxima exposición a realizarse en uno de los museos de arte moderno más importantes del mundo: la Tate Modern de Londres.

Traducción:
Fotografía: Topadora Contenedora de Concepto en Movimiento', Fotografía hecha con móvil.
Tomando su nombre de la empresa Aps, Oops nos acerca el graffiti a los espacios en renovaciones del Tate Modern (4ª planta). Este happening incluirá a los trabajadores y los materiales de construcción de la Tate, espacios interiores efímeros donde tendrá importancia la interacción con el espectador.
La obra ha sido donada al Tate y formará parte de numerosas exposiciones en otros museos de la Comunidad Europea durante el 2010. Dada la naturaleza de este happening la difusión de propaganda es limitada por lo que se han impreso 1050 ejemplares además de las invitaciones personales por e-mail firmadas por el artista.
Oops, en realidad, es amigo de Rodrigo de la infancia y yo no lo conocía más que por las tantísimas veces que había sido nombrado y por unos cuantos mensajes esporádicos que intercambiamos. Cuando recibí la invitación debo confesar que pensé “wow, no sabía que este tío era tan importante” y aunque no me quedaba del todo claro de qué se trataba realmente su exposición, el mero hecho de que presentara su obra en un lugar como el Tate lo había revestido automáticamente de un halo de misterio y jerarquía. Recuerdo que le envié mis felicitaciones y luego cuando lo conocí en Madrid le pegunté en forma irónica sobré qué sentía al ser famoso.
Reservamos los pasajes para Londres y fue entonces cuando Oops, movido por la culpa de que su travesura fuera demasiado lejos, le confesó a Rodrigo la verdad: no había exposición, el cuarto piso del Tate estaba en remodelaciones (en transición entre exposiciones) y eso sería lo único que encontraríamos allí. El folleto, por decirlo de alguna forma, era falso, trucado.
Decidimos ir de todos modos. El asunto me intrigaba más aún. ¿Qué es lo que Oops quería generar con todo esto?
La atrofia del aura en la era de la industria cultural
Walter Benjamín planteó en 1936 desde la filosofía una noción en sumo interesante para pensar el arte en los tiempos actuales: se trata del concepto de aura. En su famoso artículo intitulado La obra arte en la época de su reproductibilidad técnica, el autor define al aura como la manifestación irrepetible de una lejanía. “Descansar en un atardecer de verano y seguir con la mirada una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama.”
Lo aurático en el arte implica, por lo tanto, un aquí y ahora, un contacto con la obra que ante el advenimiento de un universo eminentemente tecnológico queda de lado. Tengamos en cuenta que Benjamín esta pensando en un mundo donde la fotografía y el cine son recientes. Y la capacidad de reproducción técnica que estos medios generan transforma el arte por completo. “…El proceso aqueja en el objeto de arte una médula sensibilísima que ningún objeto natural posee en grado tan vulnerable. Se trata de su autenticidad”.
“…En la época de la reproducción técnica de la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta. El proceso es sintomático; su significación señala por encima del ámbito artístico. Conforme a una formulación general: la técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar las reproducciones pone su presencia masiva en el lugar de una presencia irrepetible. Y confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir, desde su situación respectiva, al encuentro de cada destinatario.”
De lo que se trata, ante todo, es de un cambio fundamental en la forma de percibir que se genera a partir del desarrollo de la modernidad. Si antiguamente la clave de la obra de arte se hallaba en la obra misma, en su ligazón con la tradición y en la relación del espectador con ella, (aunque estemos hablando de un arte culto, reservado sólo a las capas altas de la sociedad), hoy día el arte en la cultura de masas tiene su clave en la simple percepción. Es decir, la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica pasa de tener un valor cultural a uno exhibitivo.
Si bien Benjamín reconoce en que medida la nueva sociedad tecnológica ha democratizado el arte al acercarlo a las masas también da cuenta de la atrofia que la obra ha sufrido en este proceso. “Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible.”
En un plano mucho más crítico Adorno y Horkheimer, miembros de la Escuela de Frankfurt, en su texto Dialéctica del Iluminismo, acuñan el concepto de “industria cultural” y plantean una postura de oposición a lo que ellos consideran la total mercantilización y des-sublimación del arte. La obra se convierte en simple mercancía, la cultura en simple diversión, el espectador en títere pasivo en su propia expectación.
Del valor cultural al exhibitivo
¿Por qué citar el concepto de atrofia aurática de Benjamín en este contexto? Porque creo que a partir de él se puede visualizar de forma más densa lo hecho por Nacho. Con respecto a su obra, mi amigo dice lo siguiente:
“A la hora de realizar Oops yo pensé a la obra como un graffiti conceptual, un happening donde la importancia se centra en la interacción con el público. Lo que me interesaba era explotar los dispositivos institucionales del museo y los mecanismos publicitarios que rodean a la obra de arte, por este motivo comencé una campaña de promoción hace cuatro meses que incluyó el envío de mailings e invitaciones además del contacto con los medios de comunicación (la información sobre la exposición fue publicada en tres periódicos en Londres y uno en Barcelona). Durante este período de promoción he podido experimentar como la gente empezaba a considerarme un Artista, además de que en esos meses he tenido muchas relaciones sexuales, jeje.
Lo que hice fue mimetizar la imagen del Tate, imitar sus folletos y a partir de allí llevar la fantasía a la vida real y la realidad al museo. La intención fue cuestionar, por lo tanto, las maneras de ver el arte en los museos. Las obras están materialmente allí, sin embargo las ideas están en todos lados. Pero desde el momento en que una obra esta expuesta en un museo se produce una especie de fetichización que obstaculiza su entendimiento, es decir, dificulta la llegada al objeto en sí. En Oops, museo cerrado por renovaciones el artista quiere cuestionar las maneras de percibir el arte fuera de lo objetual. En este caso el objeto a mirar es inaccesible porque no hay nada más que los propios trabajadores del Tate (aunque en realidad su materialización se encuentra en la propia invitación a la exposición) pero, en última instancia, al presentar a un artista y una obra que no existen el público se cuestiona el concepto de lo sucedido sin tener que pensar en qué artista la ha realizado o en la magnitud que la sociedad ha establecido para la obra o, en caso que los dos puntos anteriores no sean lo suficientemente importantes, en cuál es el lugar en el que se desarrolla la exhibición, con todo el componente simbólico que ello representa.
Oops! es una exclamación que significa sorpresa, metedura de pata, etc. El logo mimetiza el de APS, una empresa de máquinas de construcción que utiliza la Tate para las renovaciones. Esta idea tiene mucho que ver con Duchamp y su R. Mutt, el fabricante de fontanería, el cual utilizó en su más famosa obra Fuente.”
En este sentido, es en la necesidad que encuentra Oops de volver a un arte basado en el objeto que nos demuestra, a través de un arte conceptual, de qué forma atrofiamos ese aura por medio de los mecanismos comerciales y de institucionalización de los espacios. Su obra, es en cierta medida también un experimento de psicología social, y de los más interesantes. Su cuestionamiento de las maneras de percibir el arte fuera del objeto, fuera de la relación aurática con la obra, nos lleva a visualizar nuestros comportamientos a la hora de percibirla: Oops se convierte en Artista porque expone en la Tate Modern, más allá de su trabajo. Podré no entender la obra, podré mirarla con indiferencia de la misma manera que miramos La Gioconda en el Louvre, después de haber visto su reproducción hasta el hartazgo, mientras nos codeamos con las decenas de turistas que se agolpan para sacarle una foto. Pero de lo sublime en el arte, de su aura, nadie se percata porque vivimos en una cultura fast food que apenas nos deja más de dos segundos seguidos para maravillarnos. Lo que nos queda es una foto, una prueba inerte que sirve como objeto de alarde ante los demás.
Con el paso del valor cultural al exhibitivo se atrofia el aura dice Benjamin. El planteamiento de Oops no está muy lejano. La industria cultural y la masificación del arte conlleva una explotación voraz de los mecanismos comerciales por sobre la obra en sí. Los museos se convierten en espacios de sacralización profana del arte. La obra que se encuentra en el museo es incuestionable. Aunque nos parezca una porquería, es indiscutible. Lo que termina ocurriendo es que el propio espacio del museo obstaculiza el entendimiento de la obra. El valor es puramente exhibitivo, el contacto con el aura, con la lejanía, desaparece.
La obra es el folleto
Con respecto a la reacción del público Oops señala:
“En esta exposición ha habido muchos tipos de público, y entre ellos los trabajadores de la Tate Modern, los cuales estoy seguro que desde dentro han tenido mucho trabajo, pues mandé un mail a todos los periódicos con la invitación, los cuales tuvieron que llamar a la Tate para comprobarlo, aunque muchos no, pues el evento ha sido publicado en The London Paper y en otros sitios de Internet, los cuales no lo verificaron. La interacción de los amigos fue diferente, pues muchos vinieron desde España a verlo y se encontraron con la realidad. Uno me dijo que se tenía que haber quedado durmiendo la siesta, otro que me iba a matar. Sin embargo, el público después de asimilar su propia experiencia estética (la de no poder ver lo que se presenta) empezó a valorar la obra, pues entendió a que apuntaba y todo el entramado de significaciones que el folleto había activado (no nos olvidemos de la excavadora contenedora de concepto).
El lunes pasado fui a preguntar como espectador y el recepcionista, que era un empleado nuevo de origen español me dijo que en la cuarta planta estaban remodelando para preparar el siguiente evento. Sin embargo, al leer la invitación me dijo – ¡Espera!, aquí dice que va a haber un happening- aunque no lo creía del todo y le preguntó a su jefe y este dijo riéndose –esto es una broma muy inteligente, mira; la invitación imita muy bien la imagen de la Tate y además no se promociona al artista pues ‘Oops’ es un artista anónimo- mi amiga y yo nos reímos y le contestamos –por tanto, ¿la obra es el folleto no?”
Sin embargo, la obra no se encuentra completada, está en proceso o en renovaciones como el propio título indica. La misma finalizará cuando en octubre exponga toda la documentación que los amigos y espectadores han realizado; bocetos de la invitación, fotos de móviles y cámaras varias, vídeos, artículos de prensa, happening por mail, mensajes de texto de móviles, conversaciones con los empleados, etc. La obra quedará materializada con la reacción del espectador, así como con su material visual y de sonido.”
Sólo nos queda esperar que la nueva exposición sea, esta vez, verdadera.